Sin la existencia de las ‘gordis’ este éxito editorial sería incomprensible. Requiere un público en que se dé en las mismas medidas que en su libro, la ignorancia y la petulancia intelectual, la falsedad en la posición y el aplomo para actuar del que la ignora, y que participe de una visión del país completamente sofisticada a través de una lente de convenciones deformantes y tenidas por ciertas. Entiéndase, pues, que el análisis no es más que el pretexto para poner en evidencia la calidad de los lectores que son los que interesan; ellos son el objeto de la investigación a través de su proveedor intelectual. Por eso digo: una escritora de “medio pelo” para lectores de “medio pelo”.

Arturo Jauretche se regodeó en la crítica de “El incendio y las vísperas” y de su autora, Beatriz Guido. No fue el único; al contrario. Guido expulsó su antiperonismo en forma de novela y Jauretche la ubicó en el punto exacto del medio pelo argentino. Esa obsesión clasemediera por halagar a los ricos y poderosos, con la única aspiración de acceder al círculo que consideran privilegiado. Aparecida en 1964, a nueve años de la caída de Perón, con edición de Losada, “El incendio y las vísperas” disparó polémicas inevitables en el seno de un sistema literario nacional que cambiaba irremediablemente.

Cristina Mucci escribió una biografía de Guido (“Divina Beatrice”). Ella liga a la autora rosarina con Silvina Bullrich y Martha Lynch; afirma que las tres son tan distintas como complementarias en sus estilos, temáticas y motivaciones. “Para mí Guido es la mejor escritora de las tres -sostuvo Mucci-. Tiene libros que me parecen fascinantes como ‘La caída’, inclusive ‘Fin de fiesta’, ‘La mano en la trampa’ o ‘La casa del ángel’. Tiene una magia, un universo propio, más que las otras”.

Los textos de Silvina Ocampo, de Borges y de Bioy Casares constituyeron el canon en la construcción de Guido como escritora. En 1951, en la casa de Ernesto Sabato conoció a Leopoldo Torre Nilsson, con quien vivió un romance eterno. La muerte del cineasta, en 1978, la sumió en una profunda tristeza. Ensimismamiento del que no salió, a pesar de que el Gobierno de Raúl Alfonsín la envió a España como agregada cultural. Allí murió el 4 de marzo de 1988. Hoy se cumplen 26 años de aquella fecha.

En “Fin de fiesta”, Guido pavimentó el advenimiento del peronismo al poder. La novela expone la corrupción característica de la “década infame”, su carácter antidemocrático y violento. Funciona como explicación y, en cierto modo, como justificación para el imparable “aluvión zoológico” que cambió la historia argentina el 17 de octubre de 1945.

El don y el límite

Hija del arquitecto que creó en Rosario el Monumento a la Bandera, Guido se inscribió desde siempre en la corriente intelectual que reflotó la dicotomía civilización o barbarie. De más está decir que la barbarie es el peronismo, ya sea con el realismo explícito de “El incendio y las vísperas” o traducido en metáforas de la altura literaria de “Casa tomada” o “La fiesta del monstruo”.

“Beatriz se propone en su literatura interpretar la historia, la sociedad y la política argentina -analiza Mucci-. Y este es un país bastante confuso y difícil de entender, y en un momento ella ya no lo entendió. La Argentina de los 50 no se le escapa, pero la de los 70 la supera. Ella era la escritora de la fantasía y la imaginación, ese era su don y su límite”. No era fácil ser mujer y escribir sobre esos temas en los 50 y principios de los 60.

¿Por qué leer hoy a Beatriz Guido, símbolo del gorilismo literario para una generosa porción de críticos tan desencantados de sus posiciones como de su prosa? Para entender un sistema de pensamiento enraizado en las elites intelectuales argentinas de mediados del siglo XX, puede ser una respuesta. O para descubrir hasta qué punto la descalificación política no subvalora sus textos. O, sencillamente, para armar la propia opinión.

“Hay alguna aptitud literaria cuando la descripción se refiere al medio propio, del cual la autora se evade”, la amonestaba Jauretche. Cuesta reconocerle atributos al enemigo.